Por fin he podido sacar un momento para leerme detalladamente el nuevo documento 2018 de recomendaciones para la alimentación complementaria en el lactante amamantado de la AEPED y os traigo mis impresiones ¡Así os ahorro el trabajo de leerlo entero! Vamos allá…

Un documento elaborado por el Comité de Lactancia de la AEPED

La primera sorpresa grata es que el documento está elaborado por el Comité de Lactancia de la AEPED, muy acertado teniendo en cuenta como decimos siempre que hablamos de alimentación complementaria, y que el objetivo es priorizar la lactancia durante varios meses aún. Os extraigo la primera frase que me ha llamado la atención al respecto:

La alimentación complementaria (AC) se considera un proceso por el cual se ofrecen alimentos sólidos o líquidos distintos de la leche materna o fórmula adaptada, como complemento y no como sustitución de ésta. En los últimos años ha habido muchos cambios de recomendaciones, y especialmente en cuanto a los consejos que se dieron a la generación anterior. En este documento queremos resumir de forma general qué evidencia científica hay en el momento actual sobre AC, especialmente enfocada a bebés amamantados.

La aclaración de bebés amamantados creo que no es necesaria, tampoco en el título del documento, ya que las recomendaciones han de ser iguales para bebés de biberón. El objetivo, quiero creer, es el de preservar la lactancia materna, y está muy bien, pero esto no excluye para que si un bebé está tomando biberón, y no está preparado para comer, no deba empezar a comer. Hay mucha confusión sobre si los bebés que toman biberón deberían empezar a comer antes, y esta distinción no ayuda, pero lo cierto, es que después de la leche materna, lo mejor que puede tomar el bebé hasta que está preparado para comer, es leche artificial, así que las indicaciones si estás leyendo esto y tu bebé toma biberón, son iguales.

Cuándo empezar, por qué no empezar antes

Se considera que un bebé está preparado cuando adquiere las destrezas psicomotoras que permiten manejar y tragar de forma segura los alimentos. Como cualquier otro hito del desarrollo, no todos los niños lo van a adquirir al mismo tiempo, aunque en general estos cambios suelen ocurrir en torno al 6º mes. Se requiere:

Segunda grata sorpresa, la primera vez que sale una foto en el documento, es la que os adjunto, un bebé comiendo por sí solo. Veréis que explican cuáles son las principales señales de que el bebé está preparado para comer, y también por qué no es bueno empezar antes, aunque hablan de no empezar antes del 4º-5º mes. Esto me confunde un poco, porque en el párrafo anterior están diciendo qué requisitos tienen que cumplir para empezar a comer, y en el siguiente ponen ese rango de edad, en la que los bebés no cumplen estas condiciones. Así que bueno… una vez más no se mojan todo lo que deberían, en mi opinión.

El desastre llega con el siguiente texto que casi se me salen los ojos…

¿Por qué es importante la alimentación complementaria y no se debe retrasar? Es excepcional que el inicio de la AC se retrase más allá del 7º mes. Sin embargo, puede suceder en niños que toman LM, que no han mostrado aún un interés activo por la comida y cuyas madres no trabajen fuera de casa y disponen de todo el tiempo para estar con el bebé.

Que explique que no todos los niños están listos para comer con 6-7 meses es genial, porque es algo que genera muchos temores, pero lo de “cuyas madres no trabajen fuera de casa y disponen de todo el tiempo para estar con el bebé” igual yo es que estoy muy sensible… pero me hubiera gustado leer algo como “puede suceder que haya niños (da igual que tomen biberón) que no muestren un interés activo por lo que bastará con que sus padres (los dos) se aseguren que siguen tomando la leche que necesitan”.

Y dicen que es mejor no esperar más allá del 7º mes (siempre de edad corregida)…

Riesgos de la introducción tardía (más tarde del 7º mes) de la alimentación complementaria
Carencias nutricionales, sobre todo de hierro y zinc
Aumento del riesgo de alergias e intolerancias alimentarias
Peor aceptación de nuevas texturas y sabores
Mayor posibilidad de alteración de habilidades motoras orales

Conviene aclarar aquí que es “empezar”, no asegurarse que coma todo lo que vosotros esperáis, porque esos posibles problemas que aluden ocurrirían con el tiempo, con mucho tiempo vamos, a mí esto me parece un tanto alarmista. Si vuestro bebé por ejemplo no se sienta llegado ese momento, pues empezad muy poquito a poquito, sentándole en vuestro regazo, con calma… y si esperáis un par de semanas más tampoco pasa nada.

Sobre el cuándo y el qué ofrecer

Las pautas varían mucho entre regiones y culturas. No se deben dar “instrucciones” rígidas (Dewey 2003). No hay alimentos mejores que otros para empezar, aunque se recomienda ofrecer de manera prioritaria alimentos ricos en hierro y zinc. Asimismo, se recomienda introducir los alimentos de uno en uno, con intervalos de dos a tres días, para observar la tolerancia y aceptación y no añadirles sal, azúcar ni edulcorantes, para que el bebé se acostumbre a los sabores naturales de los alimentos (Fewtrell 2017).

Bueno, con lo de la tolerancia y aceptación discrepo nuevamente, porque hay niños que lo comen todo nada más verlo, y otros que necesitan muchas más veces de tres, pero en general, se trata de ir ofreciendo variedad de alimentos y texturas y que el niño vaya probando y descubriendo, no hace falta que sean tres días estrictamente y siempre.

Y a continuación ponen el cuadro de introducción de alimentos del documento “Recomendaciones para la alimentación en la primera infancia” de la Agencia de Salud Catalana, al que… sospechosamente… han quitado la última fila, ese que dice “Alimentos superfluos cuanto más tarde mejor, mínimo hasta los 12 meses: azúcares, chocolates, postres lácteos, charcutería, bollería, galletas, etc.” ¿Por qué esto?

Hacen una breve aclaración sobre gluten y alimentos potencialmente alergénicos en la que dicen que no hay evidencia científica de que ofrecerlos después produzca menos alergias, y que por tanto, se introduzcan como el resto de alimentos.

En el momento actual, no hay ninguna evidencia de que retrasar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos (huevo, pescado, frutos secos, lácteos, legumbres, todo tipo de frutas) más allá de los 6 meses prevenga las manifestaciones alérgicas, tanto en niños de bajo como de alto riesgo. Al contrario de lo que se creía, algunos estudios señalan que retrasar su introducción puede aumentar el riesgo de alergia (Palmer 2017).

Y sobre el gluten:

La recomendación actual es no adelantar ni retrasar su introducción; pudiendo ser introducido entre los 4 y los 11 meses de edad (idealmente esperando a los 6 meses), y procurando no dar cantidades muy grandes de gluten al inicio (Chmielewska 2017).

Continuan hablando de la importancia de tomar fruta y verdura, proteínas, hierro, zinc… pero os dejo dos extractos que me han llamado especialmente la atención:

¡NO a los cereales liofilizados!

Se pueden dar cereales en forma de: arroz hervido y chafado, pan, pasta, arepas o tortas de maíz, quinoa, avena,… no siendo obligatorio el uso de cereales en polvo. Las papillas de cereales infantiles en polvo no son necesarias si se sigue una dieta rica en hierro. Si bien estos preparados están fortificados con hierro, su biodisponibilidad es mucho menor que el hierro hem de las carnes. Por otro lado, contienen una gran cantidad de azúcares libres (Foterek 2016) y tampoco está demostrado que disminuyan los despertares nocturnos (Brown 2015).

Con lo del formato todavía se lían bastante también, pero bueno… por lo menos van diciendo que el puré no es la vía única.

Carne, pollo, pescado, huevo, legumbres, gambas. Se pueden ofrecer en forma de puré, cocinados y desmigados o en pequeños trozos en lactantes más mayores. Ofrecer diariamente alimentos de este grupo, de forma variada, especialmente aquellos ricos en hierro.

Hablando de cantidades

¿Qué es lo importante en esta fase de su alimentación?

Dar de comer u ofrecer comida según las capacidades motoras del lactante, respondiendo a sus signos de hambre y saciedad
Alimentar despacio y con paciencia, sin forzar nunca
Experimentar con diversas combinaciones, texturas y sabores
Minimizar las distracciones (TV, pantallas). No “engañarle” para que coma.

La mayoría de las calorías durante el primer año de vida provienen de la leche materna, por lo que no es tan importante la cantidad total de AC que ingieran, como su variedad, su disponibilidad y el establecimiento de los hábitos futuros.

Exceptuando que solo hablan de leche materna todo el rato, nada que añadir… como digo, si tu bebé toma biberón, las pautas son las mismas, y me alegra que manden un mensaje tranquilizador, porque es muy habitual, que coman poco, o muy poco.

Y llegamos a la parte que más me gusta

En las siguientes páginas solo se habla de baby-led weaning ¡Por fin! Os destaco algunas partes especialmente interesantes:

Como dicen en el siguiente párrafo, los triturados se convirtieron en una obligación porque se decía que había que alimentar a los bebés con 3 y 4 meses ¡Qué menos que triturarles la comida! No están preparados en absoluto para comer, y por eso, se hizo necesario inventar algo para que pudieran hacerlo, pero el BLW ya existía antes de que apareciesen las batidoras, solo que no tenía nombre.

Antes de la aparición de las batidoras eléctricas, los purés comerciales y los cereales en polvo se utilizaba un sistema similar al BLW. En la época que se recomendaba comenzar la AC precozmente, a los 3-4 meses, los triturados se hacían necesarios, ya que los bebés no adquieren la capacidad de comer por ellos mismos hasta aproximadamente los 6 meses de edad. Sin embargo, a raíz de las recomendaciones de la OMS en el año 2002 de iniciar la AC a los 6º meses, padres y profesionales comienzan a cuestionar la necesidad de los triturados (Rapley 2016). A pesar de tener un origen empírico hay cada vez más trabajos metodológicamente serios que han estudiado su aplicabilidad, riesgos y resultados a medio y largo plazo (Brown 2017).

Sobre si es válido para todos. Añadir que en prematuros (no grandes prematuros), se van demostrando poco a poco los beneficios de alimentarles con BLW siempre atendiendo a la edad corregida.

El BLW se ha estudiado en niños nacidos a término, sanos y con un desarrollo psicomotor normal. En niños prematuros se podría valorar individualmente pero siempre atendiendo a la edad corregida de 6 meses. No se recomienda en niños con fallo de medro, dificultades neurológicas o motoras.

¡Y hablan hasta de BLW mixto!

A pesar de que no hay consenso claro sobre la definición de BLW, la definición más clásica asume que es el bebé el único que coge los alimentos, sin que el adulto “le dé de comer”. Sin embargo, muchos padres optan por un BLW mixto, en el que combinan dejar que el bebé experimente por sí mismo con la comida a la vez que le ofrecen algún puré o papilla en alguna de las comidas.

Y de las muchas bondades del BLW frente a triturados que ya conocemos, este párrafo me ha gustado especialmente:

No se han encontrado diferencias en las calorías totales ingeridas entre uno y otro método. Sin embargo, existe disparidad en cuanto al efecto del BLW en el aumento de peso. Se ha relacionado con una disminución del riesgo de obesidad a largo plazo, por una autorregulación del apetito, pero estos datos se han obtenido de estudios observacionales y con alto riesgo de sesgos (autoselección de las familias, ya que aquellas con mejores hábitos son las que se decantan por el BLW). En un estudio aleatorizado (Lakshman 2017) los niños con BLW tenían un IMC ligeramente superior que el grupo control, que los autores atribuyen a un mayor disfrute de la comida.

Y para terminar, abordan los dos TEMAZOS del baby-led weaning, sin dejar lugar a dudas: El hierro y el atragantamiento.

Una preocupación es la ingesta de hierro. No existen diferencias cuando se instruye a los padres en su importancia y en ofrecer diariamente comidas ricas en hierro: carne cocida en tiras o picada en forma de hamburguesas, bolas o palitos; yema de huevo, tortas de lentejas o judías blancas cocidas, palitos de tofu, hummus…

Siguiendo unas normas básicas de seguridad no hay diferencias en el riesgo de atragantamiento (Fangupo 2016). A todas las familias, independientemente del método utilizado, se les debe educar en la prevención de atragantamientos.

¿Qué os parece? Aquí os dejo el enlace al documento completo para que saquéis vuestras propias conclusiones.

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