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El próximo viernes hará un año que soy mamá. Hoy me he despertado pensando en las otras mamás que conocí en el curso de preparto ¿Cómo sería su parto? ¿Lo pasarían mal? ¿Cómo habrá sido su primer año como madres?

El mío ha sido completamente increíble… Es cierto. Ser madre te cambia. Pero no en plan “dejé de ser mujer para convertirme en madre” (me siento más mujer que nunca) te convierte directamente en otra persona.

Leo muchas experiencias de madres y padres que hablan de la maternidad y la paternidad desde un tono un poco de sacrificio… ¡Así me lo habían vendido a mí! Recuerdo por ejemplo que tenía más miedo al “primer mes” que al parto… me preocupaba horrores no poder dormir nunca, vivía con ansiedad esa frase de “aprovecha y duerme ahora”. Es como si cuando nace tu primer hijo nunca más fueses a dormir, y bueno…duermes diferente, desde luego, pero dormir con mi hija y mi marido a mi lado es algo que no cambiaría nunca por dormir más profundamente como antes.

Igual tengo un aguante sobrenatural (no lo creo), pero lo cierto es que a mí este primer año como madre me ha resultado fácil y muy satisfactorio. A veces me he sentido estresada, he pasado miedo, me he encontrado cansada o he echado de menos tener algo más de tiempo para depilarme tranquilamente como hacía antes, pero ninguna de esas cosas me ha hecho querer huir. Lo más difícil para mí ha sido compatibilizar la maternidad y el trabajo. Trabajar en casa, y hacerlo cuando tu bebé te reclama llorando tras la puerta es realmente difícil (de hecho no lo consigo…). Tiene muchas cosas buenas, disfruto de ella un montón, pero me toca trasnochar demasiadas veces para poder sacar adelante todo lo que el día no me dio de sí, y es cansado… mucho.. pero no puedo imaginar tener que irme de casa 8-10 horas, estar todo el día pensando en mi hija, pendiente del móvil, pensando en qué aprenderá hoy mientras yo no estoy. A todas las mamás y papás que tienen que vivir esta situación quiero deciros que os admiro mucho, y que ojalá algún día podáis conciliar como deseéis.

En este año también me he dado cuenta de qué diferente se ve todo “desde dentro”… Antes oía experiencias sobre la crianza y todo me sonaba raro y ajeno… ¿por qué dormirán con su hijo? ¿por qué le dará teta todavía? ¿por qué le deja llorando en la cuna? ¿por qué no le coge si se lo está pidiendo? Había mucha contrariedad en mi cabeza… Lo que tuve claro durante todo el embarazo es que no me iba a abonar a ninguno de esos sistemas antes de que naciese mi hija. Sabía que ella me iría enseñando qué era lo que nuestra familia necesitaba en cada momento ¡Y vaya si lo hizo!

Llegamos a la alimentación libre de papillas como llegamos al colecho, al porteo o a llevar un año de lactancia sin fecha de caducidad… Confiando en los tiempos y sentimientos de nuestra hija. Y leyendo. Aprendiendo cada día, cuestionando opiniones y a opinólogos (por mucha bata blanca que lleven).

Así que si estás leyendo esto y estás embarazada me voy a permitir darte un consejo, perdona el atrevimiento. Olvídate de dormir… el sueño no es una bolsa sin fondo que puedas acumular para ir gastando a tu antojo… dedícate a leer, aprende… porque lo que viene va a requerir de la mejor versión de ti, la más segura, la más fuerte, la más convencida. Y si tu bebé ya nació y aún no lo has hecho, hazlo igualmente, nunca es tarde. Yo no leí ni un libro durante el embarazo, pero cuanto más leo, más me reafirmo en que estoy haciendo lo mejor para mi bebé y mi familia.

En este año me he transformado. He descubierto como puedes volver a enamorarte cada día del hombre con el que llevas más de una década y pensar una y otra vez en que nadie podría hacernos más felices. He aprendido que querer como quiere una madre es el sentimiento más intenso que se puede experimentar y he sufrido por ello como hija también. He disfrutado viendo como el amor de los abuelos es tan innato como el de los padres y he asistido feliz al desarrollo de una relación única y especial. He dejado ir algunas relaciones y he creado otras nuevas, también digitales. He tenido que aguantarme las lágrimas mientras mi hija lloraba al ser vacunada. Me he desvelado. He reído un montón. He jugado. He crecido.

Vas a cumplir un año, y aún no sé cómo ha pasado… pero vamos a celebrarlo juntos… 🙂

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